El respeto a la persona humana
1. Respeto al cuerpo
El cuerpo humano está ordenado por un principio motor de vida que posibilita, entre otras, las acciones racionales y morales. Esto significa que la moral está en el núcleo de la naturaleza humana. Es por este motivo por el que el cuerpo humano no debe ser considerado al margen de la racionalidad y de la moralidad. El equilibrio y la armonía con el propio cuerpo son manifestación del señorío de la mujer y del hombre sobre si mismos. La dignidad humana exige comportarse como persona aunque sea más fácil comportarse como un animal, viviendo esclavizado por los instintos. También existen razones de fe para los creyentes que hacen ver que el cuerpo humano es, o puede ser, lugar donde Dios vive.
Respecto a la moderación en el trabajo y en la diversión queremos decir que hay tiempo para trabajar y tiempo para descansar porque así lo exige nuestra naturaleza humana. Por este motivo de unidad sólo se sabrá descansar y divertirse bien cuando uno aprende a vivir con empeño los días ordinarios.
2. Respeto a la vida humana
La dignidad humana ha de entenderse sobre todo como un don. De no ser así la igualdad entre los hombres no tendría ningún fundamento.
Los hijos no son un objeto al que se tiene derecho, no son un producto. La persona humana sólo puede entenderse como un don, pese a sus defectos, porque si no se entiende así se cae en su interpretación utilitarista, en la indiferencia o en el desprecio para con ella.
No se pueden producir hombres porque esto hace que se puedan manipular como objetos. Las técnicas de fecundación artificial no respetan la unidad del aspecto unitivo y procreativo de la sexualidad humana. Con el pretendido fin bueno de dar un hijo a quien no puede tenerlo se fabrican hombres, “hombres afortunados”, ya que sólo a alguno de varios embriones saldrá adelante; los demás quedarán congelados con el inhumano nombre de embriones sobrantes. El ser humano en sus primeros estadios de vida queda relegado injustificadamente e indignamente a la condición de objeto. Con esto ya hemos llegado a lo que Lewis veía venir al escribir su obra “La abolición del hombre”. Los embriones son seres humanos por tener un programa de vida que despliega actos humanos y tiene ya la capacidad de hacer otros más adelante; es algo parecido a lo que le ocurre a un enfermo grave.
Con mayor motivo se puede llamar la atención contra la práctica del aborto voluntario que supone la supresión de la vida del feto. Su internacional legalización supone una huida del estudio y debate de qué es con precisión y en qué se ha de manifestar legalmente el respeto a la dignidad de la persona humana.
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