sábado, 30 de marzo de 2013


El concepto de humanismo es actualmente uno de los más indeterminados y contradictorios; de aquí la necesidad de reconstruir las diferentes interpretaciones que ha tenido y  delinear, al menos en lo que concierne sus aspectos esenciales, los contextos histórico-filosóficos en los que tales interpretaciones han surgido.


Hoy el término humanismo se utiliza comúnmente para indicar toda tendencia de pensamiento que afirme la centralidad, el valor, la dignidad del ser humano, o que muestre una preocupación o interés primario por la vida y la posición del ser humano en el mundo. Con un significado tan amplio, la palabra da lugar a las más variadas interpretaciones, y en consecuencia, a confusión y malentendido. Efectivamente, ha sido adoptada por muchas filosofías que –cada una a su modo– han afirmado saber qué o quién es el ser humano y cuál es el camino correcto para la realización de las potencialidades que le son más específicas. Vale decir que toda filosofía que se ha declarado humanista ha propuesto una concepción denaturaleza o esencia humana, de la que ha derivado una serie de consecuencias en el campo práctico, preocupándose por indicar lo que los seres humanos deben hacer para así manifestar acabadamente su “humanidad”.


Hoy son pocas y de momento poco escuchadas, las voces que se alzan para proponer a los seres humanos una nueva comprensión de su “humanidad”. Ciertamente, mucho se habla de derechos humanos –sistemáticamente avasallados–, de “naturaleza” humana –descrita siempre en forma vaga y contradictoria–, de la correcta ubicación del ser humano en el mundo natural, especialmente a causa de los tremendos problemas ecológicos actuales. No obstante todo, es evidente que nuestros tiempos asisten a un eclipse del humanismo. Por cierto que ésta no es una situación nueva: las corrientes humanistas, presentes ya al comienzo de la civilización occidental, muestran un comportamiento ondulatorio: aparecen en determinadas épocas y desaparecen luego para reaparecer nuevamente. Así ocurrió con el humanismo antiguo, que se desarrolló en las escuelas filosóficas griegas y romanas, que fue opacado durante diez siglos por el cristianismo medieval, para luego reaparecer con gran fuerza en la época del Renacimiento. A su vez, el humanismo renacentista fué perdiendo ímpetu hasta ser desplazado por las filosofías antihumanistas de los últimos siglos. Si las cosas están así, no es utópico pensar que pueda surgir una nueva corriente humanista capaz de contrarrestar la crisis actual, caracterizada por la pérdida del sentido de lo humano y agravada por la prospectiva de la catástrofe global, con todas sus aterradoras alternativas.

METODO SIGNIFICATIVO

LOS BIENES TERRENALES


METODO TOMISTA

1- Ubicación del tratado en la Suma Teológica El orden es la clave, porque el orden manifiesta el camino de la inteligencia. Revela la inteligencia misma y la naturaleza de lo que se estudia. De allí que, ordenar es propio del sabio. Ese orden adquiere una especial significación cuando se trata del saber teológico, ya que la unidad de esta ciencia exige una sistematización adecuada de su materia. Comenzamos nuestro estudio por el orden externo, por la relación con los demás tratados. A propósito de este tema, Santo Tomás fue objeto de una dura crítica por parte de K. Rahner, quién lo culpa de haber separado el De Deo Uno del De Deo Trinoen perjuicio del estudio teológico de Dios. En efecto, este autor sostiene que esta división de los tratados se generalizó con la Suma, que desplazó a las Sentencias de Pedro Lombardo. Esta distinción, dice, no responde a la tradición de la Sagrada Escritura y Padres Griegos, para quienes Dios significa primariamente el Padre, de allí que la Trinidad comience por El. En cambio, con la distinción tomista, que es asumida por todos, “el tratado de la Trinidad se va quedando cada vez más en un espléndido aislamiento, debido al cual corre el riesgo de perder todo interés para la existencia religiosa, como si todo lo que en Dios es importante se hubiera dicho ya antes en el tratado de Deo Uno” [3] . De esta manera, agrega, “se llega a un tratado de Divinitate con un enfoque muy filosofico y abstracto y muy poco histórico-salvífico y concreto. Se habla de las propiedades metafísicas necesarias de Dios y, en cambio no se explicitan las experiencias histórico-salvíficas que se han ido teniendo del comportamiento libre de Dios con su creación....Con lo cual la teología de la trinidad se ve abocada a hablar de las personas divinas de una manera asolutamente formal (con la ayuda del concepto de las procesiones y relaciones), y aun esto mismo no se refiere sino a una trinidad encerrada en sí misma y que no se abre hacia afuera en su realidad “ [4] . Rahner concluye que con esta división no se elabora suficientemente la unidad y la mutua interconexión de ambos tratados; lo cual se pone de manifiesto en la naturalidad con la que se considera esta división y ordenación como algo sencillamente necesario y evidente [5] . A primera vista, se trata de una consideración atractiva y aparentemente cierta, pero Santo Tomás no se merece una consideración tan superficial y prejuiciosa. Lamentablemente la crítica fue asumida por varios que no tuvieron la posibilidad de profundizar en el pensamiento de Tomás. Se trata de una descalificación de la teología tomista considerada como una teología racionalista que no tiene en cuenta la historia de la salvación. En realidad, se pretende un cambio en la perspectiva misma de la teología, por una teología más histórica. Quizás sea precisamente éste el concepto clave, la consideración de la historia, que a partir de Hegel adquiere un valor distinto, un valor absoluto, como lugar donde los seres se desarrollan, se hacen, en el devenir. Para nuestro Doctor, en cambio, lo que cuenta es el ser en sí mismo, sobre todo cuando hablamos de Dios mismo. Por otra parte, las afirmaciones de Rahner nos dejan una serie de interrogantes pendientes. En primer lugar, el tratado tomista sobre la Trinidad concluye con una cuestión sobre las misiones divinas (q.43), ahora bien, se puede sostener que es un tratado cerrado? En segundo lugar, si bien la teología debe seguir el ordo revelationis, debe tomar a la Escritura como un libro de teología y seguirla tal cual? En tercer lugar, en algún momento dice que la distinción se podría tomar en sentido didáctico, por qué no hacerlo? En cuarto lugar, para elaborar un tratado en el que Trinidad se manifieste como comunicación personal de amor, no habría que aceptar antes su tesis que sostiene que todo lo que se puede saber y decir de la trinidad inmanente se sabe y dice de la trinidad económica? En quinto lugar, es cierto que los medios de explicación teológicos son abstractos, sin embargo el objeto que se considera es el Dios de la Alianza, no? [6] Por último, hay aún una razón de más peso: se puede sostener que ambos tratados no estén íntimamente unidos? Sobre este último punto vamos a tratar de reflexionar ahora. Es cierto que, una lectura rápida de los tratados deja en claro las diferencias de enfoque, pero es también cierto que una lectura atenta revela varias veces y de distintas maneras esa unidad esencial que existe entre ambos. En efecto, en el prólogo de la q.27 dice: “consideratis autem his quae ad divinae essentiae unitatem pertinent, restat considerare de his quae pertinent ad trinitatem personarum in divinis”, anunciando ya desde el inicio que la recta consideración de la trinidad supone necesariamente una clara idea sobre la unidad esencial en Dios. Es como si dijese de entrada que la otra cara del Ipsum esse subsistens es la consideración de las Personas divinas, poniendo así luz sobre esta aparente aporía: unidad esencial-trinidad de personas. Así es, como se demostrará luego en el estudio de las procesiones, que la clave para no caer en herejía es tener una idea clara sobre el de Deo Uno, pues hay una serie de tesis fundamentales que tienen una gravitación importante en la trinidad [7] . Nos referiremos a algunas de ellas, empezando por la de la simplicidad divina. La tesis más importante del tratado de Deo Uno es la de la simplicidad absoluta en Dios: “manifestum est quod nullo modo compositum est, sed est omnino simplex.... quia in omnino compositio oportet esse potentiam et actum, quod in Deo non est.... quia Deus est ipsa forma, vel potius ipsum esse, nullo modo compositum esse potest” [8] Esta tesis es el fundamento de la perfección, de la infinidad, de la inmutabilidad, de la unidad entre esencia y existencia, etc. Y esta tesis de la simplicidad divina se halla también presente en todo el tratado de la Trinidad, sobre todo como base de las explicaciones analógicas de las procesiones y relaciones. Intentaremos dar algunas citas que prueben lo que afirmamos: En la q.27, a.2, ad.1 Tomás afirma que: “obiectio illa procedit de generatione secundum rationem primam, prout importat exitum de potentia in actum. Et sic non invenitur in divinis”, esto supone la demostración previa de la simplicidad absoluta en Dios, cosa que nuestro Doctor hizo en la q.3, a.1 y 2, y especialmente en la síntesis del a.7, c. Mas adelante sostiene lo mismo con otras palabras: “secundum quod in verbo nostri intellectus invenitur similitudo rei intellectae, licet non inveniatur naturae identitas” [9] . O bien: “quidquid est in divinis, est unum cum divina natura” [10] . También en la cuestión siguiente, sobre las relaciones en Dios, se afirma en este principio de la simplicidad para las conclusiones más importantes: “ nihil autem quod est in Deo, potest habere habitudinem ad id in quo est, vel de quo dicitur, nisi habitudinem identitatis, propter summan Dei simplicitatem” [11] . Más adelante dice: “unde oportet quod in Deo sit realis distinctio, non quidem secundum eam absolutam, quae est essentia, in qua es summa unitas et simplicitas” [12]. A partir de esta afirmación fundamental se deducen otros principios ya demostrados en el tratado anterior y que Tomás repite en estas primeras cuestiones del De Trinitate, por ej.: “nihil enim est in Deo ut accidens in subiecto, sed quidquid est in Deo, est eius essentia” [13] ; o dice que no hay cantidad en Dios [14] , o bien que no tiene materia que sea el principio de individuación [15] . Otra de las tesis del Deo Uno sobre la cual se asienta la construcción de nuestro tratado es la de la perfección divina, así es pues cuando lo afirma se refiere a lo ya demostrado anteriormente: “quia divina essentia comprehendit in se omnium generum perfectionem, ut supra dictum est” [16] , en este pasaje Tomás se refiere a la q.14 de la 1 pars, donde sostiene que Dios es perfecto porque es Acto Puro (a.1), y que tiene todas las perfecciones (a.2). Sin embargo, existe una tesis importante del de Deo Uno a la cual recurre frecuentemente, la de la identidad entre el ser y el conocer en Dios. Las conclusiones en la Trinidad dependen directamente de las siguientes afirmaciones: Dios es el Supremo inteligente porque la inteligencia de un ser depende del grado de inmaterialidad que posea, y Dios es absolutamente inmaterial, y además su objeto primario de conocimiento es El mismo [17] . Por otra parte, en Dios se identifican el conocimiento y el objeto conocido, ya que es Acto Puro su intelecto no carece nunca de las especies inteligibles, ni estas son otras que su mismo intelecto [18] . En definitiva en Dios el ser y el conocer se identifican [19] . Las referencias al primer tratado son varias, lo cual demuestra la dependencia; esas referencias a veces son explícitas. A continuación citaremos algunas: “cum divinum intelligere sit in fine perfectionis, ut supra dictum est, necesse est quod Verbum divinum sit perfecte unum cum eo a quo procedit, absque omni diversitate” [20] . Más adelante dirá que Dios conoce con un acto solo: “sed hoc in Deo non habet locum, quia uno actum tantum omnia intelligit” [21] . Reitera luego lo mismo aplicándolo a la voluntad: “sicut supra habitm est, Deus uno simplici actu omnia intelligit, et similiter omnia vult” [22] . Para probar la existencia de una procesión intelectual que tenga razón de generación en Dios, es necesario haber demostrado que el conocimiento divino se identifica con su esencia, dice así: “sed intelligere divinum est ipsa substantia intelligentis, ut supra ostensum est: unde verbum procedens procedit ut eiusdem naturae subsistens” [23] . También para explicar la segunda procesión en Dios, la del amor, y el orden respecto de la primera, el Aquinate vuelve sobre el principio de la identificación entre el entendimiento y conocimiento divino y agrega la identidad de la voluntad con el ser en Dios, reiterando la afirmación que ya hizo en el de Deo Uno [24] : “sicut igitur attenditur quidam ordo verbi ad principium a quo procedit, licet in divinis sit eadem substantia intellectus et conceptio intellectus; ita licet in Dei sit eadem voluntas et intellectus, tamen, quia de rationem amoris est quod non procedat nisi a conceptione intelectus” [25] . A modo de síntesis de todo lo dicho, Tomás dirá de Dios: “quod est maxime per se ens et perfectissime intelligens” [26] . Todo cuanto llevamos dicho prueba, creemos, la unidad y dependencia de ambos tratados. No se pueden separar, si se desean entender rectamente. Sin embargo, hay algo más, la crítica de Rahner parece no tener en cuenta un aspecto importante del estudio de la teología tomista, y es el hecho de respetar el encadenamiento dinámico entre las partes y los tratados, por eso: “hay que evitar a toda costa de tomar la Suma en manera linear y abstracta, y de quedarse en una lectura estática y aislada de las distintas partes, es necesario en cambio, permanecer siempre sensible a las relaciones incesantes y múltiples que se establecen entre ellas” [27] . Este dinamismo también se manifiesta en la finalidad que tienen las partes, así por ejemplo, como dice Patfoort, el objeto de la l pars es fundamentalmente especulativo: Dios en sí, Dios como principio de todas las cosas; pero tiene además una finalidad moral, como toda la teología tomista, esto es, la de comunicar con Dios como es en sí mismo. Mostrar a Dios es un modo de llamar al hombre a esa vida teologal. De este modo, la q.3 sobre la simplicidad divina (clave para nuestro tratado, como venimos de ver), nos lleva a la contemplación del misterio más grande en el silencio místico. O bien, la q.4 sobre la perfección divina, motiva nuestra piedad y la acrecienta. En realidad, podemos afirmar que toda la Suma se presenta como un camino hacia Dios en clave cristológica, como lo señala el prólogo a la q.2: “quia igitur principalis intentio huius sacrae doctrinae est Dei cognitionem tradere, et non solum secundum quod in se est, sed etiam secundum quod est principium rerum, et finis earum, et specialiter rationalis creaturae in Deum, tertio de Christo, quid secundum quod homo, via nobis tendendi in Deum”. Es la contemplación de la divina esencia de esta l Pars la que prepara al hombre para adorar en Cristo a Dios; y es la meditación de la distinción de las personas, la que ilumina la intimidad y conformidad con la voluntad del Padre y del Espíritu. Tomando la estructuración de la Suma, podemos asignarle distintos modos de darse la presencia divina en cada una de las partes, así en la l parte se trata de la presencia común de Dios, en la segunda de la presencia por la gracia, y en la tercera de la presencia en Cristo. 2- El orden del tratado en la Suma Teológica Después de haber visto brevemente la relación de este tratado con el de Deo Uno, intentaremos dar un paso más, y conocer mejor su orden interno para descubrir la trayectoria del pensamiento de nuestro Doctor. Quizás la comparación con la organización del mismo tratado en las distintas obras sea el mejor camino para percibir la claridad de orden en la Suma, por esto comenzamos por dicha comparación. Antes recordaremos rápidamente las fechas de composición de las distintas obras. El comentario a las Sentencias (1252-54), Contra Gentiles (1259-65), De Veritate (1256-59), De Potentia (1265-66), Suma (l Pars 68). Una lectura rápida de los índices de estas obras nos da un dato importante, en la Suma el Angélico le dedica 14 cuestiones a las personas (consideradas en absoluto), y 2 a las procesiones y relaciones. Este dato tiene una significación más que numérica, es reflejo de la importancia que tiene en esta obra el tema de las personas, éste es el tema central. En efecto, Tomás, profundiza notablemente el De Trinitate de San Agustín, porque le ha dado un verdadero fundamento metafísico a las relaciones por las que se explican las personas [28] . La metafísica de las relaciones aplicada a la Trinidad, conduce a una clara concepción de las procesiones, y a caer en la cuenta que no es éste el tema central del tratado, sino el de las personas [29] . Esta es un conclusión a la que Santo Tomás arriba después de haber meditado bien en esto, eso es lo que manifiesta una primera comparación de las obras. Así es, pues el De Potentia tiene una perspectiva distinta de la Suma, el orden de ésta es un orden de exposición más conforme al objeto revelado considerado en sí mismo.”El De Potentia nos manifiesta mejor el orden de invención de la doctrina; desde este punto de vista su proceso es más agustiniano que el de la Suma. Del estudio de la esencia divina pasa al de los Nombres divinos y éste lleva al estudio de las relaciones y de his quae relative dicuntur de Deo ab aeterno (q.8): parece más lógico. De ahí pasa a las personas, puesto que son las susceptibles de las expresiones relativas (q.9). Llega finalmente al fundamento ontológico de las relaciones y de las personas: las procesiones (q.10). La exposición de la Suma al enfocar de manera inmediata la procesión, fundamento de la relación, permite luego reflexionar con mayor calma sobre el objeto esencial del misterio: las personas” [30] . La Suma contra los Gentiles se acerca más al planteo de la Suma Teológica, sin embargo, no coincide totalmente por el propósito mismo de la obra, es decir, la refutación de los errores trinitarios. De los capítulos 2 al 10 se dedica a responder a Fotino, Sabelio y Arrio; recién en el capítulo 11 explicita la doctrina de la procesiones, que completa con la procesión del Espíritu (c.19 y 24). La doctrina sobre las relaciones aparecen en el c.14. Finalmente, el tema de las personas lo trata especialmente en el último capítulo (26), cuando recapitula todo el tratado. Sin lugar a dudas, las 14 cuestiones de la Suma dedicadas a las personas hablan de un estadio superior en el conocimiento del tratado. De todas maneras, es posible constatar estas diferencias de enfoques en otro nivel, en el desarrollo de un mismo tema. Así, por ejemplo, si comparamos dos textos paralelos sobre las personas, uno del de Potentia (q.9, a.4), y otro de la Suma (q.29, a.4), podremos ver que: 1- en la Suma se simplifica notablemente los adversarios, 2- es ésta una presentación mucho más sintética, sin una definición formal, 3- el desarrollo es más directo, con menos referencias a la persona humana; 4- en la Suma se sintetizan además las repuestas a las objeciones (se responde a la relación con la esencia, a la razón de incomunicabilidad, y a la univocidad del concepto aplicado a las criaturas y a Dios). Por otra parte, esta comparación de los textos nos permite descubrir la importancia de los textos del De Pontentia y del De Veritate, no sólo respecto de la profundidad de su desarrollo, a veces superior al de las Sumas, sino también porque representan un eslabón importante en el estudio de la evolución del pensamiento de Santo Tomás [31] . En el caso de nuestro tratado, el Aquinate, no sólo sistematiza mejor la materia de estudio con el tiempo, sino que además progresa en su pensamiento corrigiendo errores anteriores, o iluminando temas pocos claros. Esto sucede con la processio per modum naturae de la que hablan los teólogos escolásticos de su época, y a partir de la cual, además, estructuraban todo el tratado. Nuestro Doctor parece haberla adoptado al comienzo de su carrera, pero luego abandona esta explicación del origen de la segunda persona a modo de naturaleza, por la procesión del Verbo en la operación del intelecto; ya que da razón suficiente de su carácter de generación y explica suficientemente el contenido de todas las denominaciones que la segunda persona recibe en la revelación divina, iniciando así un verdadero progreso en la teología trinitaria [32] . Santo Tomás de joven sigue el esquema común a la Edad Media, porque en nosotros la generación se da así, según la naturaleza, ya que la forma que determina esta operación es la naturaleza. La dificultad surge cuando aplicamos esto a Dios, puesto que en Dios no hay prioridad de la naturaleza sobre la voluntad, en Dios esa prioridad es sólo conceptual. Además tanto la primera como la segunda procesión son una operación natural. Afirmar que se trata de una acción del entendimiento divino da una explicación más precisa que la que exponía en el Comentario a las Sentencias diciendo que se trata de una procesión divina a modo de naturaleza. El cambio de opinión se da en el De Potentia: “Sicut ergo Filius naturaliter procedit a Patre ut verbum, ita Spiritus Sanctus naturaliter procedit ab eo ut amor. Nec tamen Spiritus Sanctus procedit per modum naturae: hoc enim procedere dicitur in divinis per modum naturae quod procedit sicut ea quae in creaturis a natura producuntur, et non a voluntate. Sic ergo dicit naturaliter produci, et produci per modum naturae; dicitur enim aliquid produci naturaliter proptr naturalem habitudinem quam habet ad suum principium: per modum vero naturae produci dicitur quod producitur ab aliquo principio sic producente sicut natura producit”[33] . Respecto a la Suma Contra Gentiles, podemos decir que al tratarse de una obra muy personal del Angélico, en la que logra su primera gran síntesis, encontramos en ella textos importantes sobre nuestra materia . Importantes por la riqueza bíblica, como por ejemplo: c. 4 del L.IV; importantes por su extensión y profundidad: c.11; importantes, también, por la claridad, como el c.19 sobre el Espíritu Santo. 3- El método en la construcción de las cuestiones y artículos Dijimos al comienzo que nuestro objetivo era descubrir la perspectiva formal de la elaboración teológica del Aquinate, por eso ahora damos un paso más para entrar directamente en la arquitectura interna de su pensamiento. Comenzamos por recordar algunos elementos propios de su método, seguiremos en esto el desarrollo sintético y rico de Garrigou-Lagrange [34] . Santo Tomás trata sobre su método científico en el Comentario a los Posteriora Analítica de Aristóteles, donde habla sobre la “caza” de la definición real por la división de géneros, y la inquisición inductiva y comparativa de las diferencias específicas; y además sobre la demostración. Respecto al estilo expositivo él sigue la técnica de exposición escolástica, que consiste en el progreso normal de la inteligencia en la investigación filosófica y teológica de la verdad, por eso comienza por las objeciones. Además, Tomás comienza así porque siguiendo a Aristóteles sostiene que hay que poner al principio el status quaestionis y el punctus formalis difficultatis solvendae, acerca de lo cual versa la duda. El Angélico expone en el comentario a la Metafisica L.lll, c.1, lect.1 la necesidad de este método, hay que tratar primero, sostiene, de las dificultades a resolver; y agrega: “Sicut ille qui vult solvere vinculum corporale, oportet quod prius inspiciat vinculum et modum ligationis, ita ille qui vult solvere dubitationem, oportet quod prius speculetur omnes difficultates et earum causas....Ille qui vult inquirere veritatem non considerando prius dubitationem, assimilantur illis qui nesciunt quo vadant”. El punto de partida es la recopilación de datos sobre el objeto a conocer a partir de lo cual se ordenan los conceptos, juicios y razonamientos sobre los mismos. Esos datos pueden ser internos o experimentales o bien la doctrina de alguien que es reconocido como “auctoritas” y finalmente, el recurso a la razón misma. Con estos elementos comienza la elaboración científica que utiliza naturalmente de la lógica (reglas para el recto pensar), de la gramática especulativa (reglas para expresarse correctamente) con las precisiones de conceptos, concluyendo así en la síntesis filosófica o teológica. En la cual la primera está siempre al servicio de la segunda, aunque están profundamente relacionadas por la unidad de la verdad que corresponde a la realidad. [35] La principal autoridad es la Revelación divina por eso su teología está encarada como una ciencia de la Sagrada Escritura. Como se puede apreciar a lo largo del tratado sobre la Trinidad es su principal fuente de inspiración y argumentación. Por otra parte, la teología sobre las personas divinas aparece siempre en sus comentarios bíblicos, tratándose de una hermenéutica eminentemente teológica [36] En la Suma Teológica, Tomás, es mucho más breve que en las cuestiones disputadas reduce a tres las objeciones principales, además no desarrolla el sed contra. El cuerpo del artículo se constituye de acuerdo a las distintas cuestiones a resolver, a saber cuatro: an res sit, quid sit, an sit talis y propter quid sit talis. La primera, an res sit, supone la definición nominal y vulgar de la cosa. Cuando se pone quid sit se busca la definición real según las leyes expuestas en ll Poster. Analyticorum, c.8, l.7 y 8. Esta búsqueda se hace por la causa final y eficiente. A partir de aquí, se deducen las propiedades que se fundan en la esencia de algo. Esta y la cuestión 4 constituyen una verdadera demostración, no solo por los principios comunes sino también por los propios. El título del artículo da los dos términos de la conclusión, el menor y el mayor. El término medio que une éstos dos es lo que asigna la razón de algo. En la composición de un artículo Santo Tomás comienza a veces por la mayor, y por la menor desciende a la conclusión. Sin embargo a veces comienza por la menor que ya viene dada en el título, y luego asciende por el medio demostrativo; al final agrega la mayor. Normalmente en la explicación del artículo se buscan los medios subordinados comenzando por los principales, para llegar al medio demostrativo y así a las conclusiones. Este mecanismo le permite evitar excesivas objeciones, concentrándose directamente en lo formal. Por otra parte , en Santo Tomás se da una notable unión entre el análisis y la síntesis. El aplica perfectamente las reglas del método analítico en el orden de la invención, en la consideración del sujeto, lo que éste tiene per se y no per accidens hasta llegar a las nociones trascendentales y los primeros principios. Este método es óptimo como inquisición comparativa de las diferencias específicas de las cosas para descubrir distintas definiciones reales. No menos perfecta es la síntesis. Para proponer cuestiones siempre comienza por lo más universal y desciende progresivamente a lo menos universal, de la esencia a las propiedades, de las causas a los efectos. Para resolver las cuestiones comienza por los principios revelados o conocidos por sí mismos, o por experiencia. Un claro ejemplo de esto es la organización de la Suma: 1- Dios naturaleza-existencia, 2-trinidad, 3-creación, etc. Por la vía del análisis Santo Tomás asciende bajo la luz de los primeros principios de la razón, desde las cosas sensibles y desde los hechos de la experiencia. Por la vía de la síntesis el Aquinate juzga desde lo alto todo. Esta conjunción perfecta es la clave de oro de todo el edificio tomista. El mérito de Tomás en su elaboración científica es reducir el objeto estudiado a los principios universales que son el fundamento necesario y perpetuo de las leyes no solo de la mente, sino de los entes. Podemos agregar que, Santo Tomás usa diversos procedimientos en la construcción de su pensamiento [37] . En primer lugar, la exégesis dialéctica; ésta es una de las características del pensamiento medieval, es decir, la inserción de la especulación en el tejido del texto. Esto se hace siguiendo distintas modalidades: en primer lugar se hace una interpretación de textos por la reducción a categorías racionales, tomadas a menudo del aristotelismo. Muchos de los tratados de Tomás de Aquino comienzan poniendo un enunciado tradicional en el cual se encuentra el género y la diferencia específica de una definición, a veces las cuatro causas constitutivas, a veces la calificación propia de un estado psicológico, a veces el aspecto material y formal de un acto humano, a veces la integración de todos los elementos componentes. En segundo lugar, el análisis: muchos de los artículos se apoyan sobre la exégesis de un texto, desarrollando análisis psicológicos, morales, metafísicos, de diversa índole, pero todos hechos como esfuerzo de la razón por encontrar la unidad concreta de una realidad. Gran parte de su método teológico consiste en el análisis de conceptos humanos transferidos al conocimiento de Dios. En tercer lugar, las definiciones. Todo el análisis desde la observación inductiva hasta la crítica negativa del teólogo tiende a concentrase en una definición. Esta “caza” de la definición pasa a veces por tomar distintas definiciones clásicas y construir una nueva ut recte intelligantur. Se comienza por el análisis de las denominaciones mismas de la realidad, en busca de una definición nominal; y también hace clasificación de los usos de la palabra; o bien emplea comparaciones y metáforas. Pero la definiciones más perfectas la construye por el género y la diferencia específica, o por las causas. En cuarto lugar, las distinciones. Se trata de una metodología muy frecuente en el Aquinate. Hay artículos construidos sobre el uno modo..alio modo, respuestas a las objeciones mediante una distinción por la cual es medida el valor de la respuesta dada en el cuerpo. La gran distinción que Santo Tomás asume de la filosofía aristotélica es la de sustancia y accidente, pero él fue más allá con la distinción de esencia y existencia, modificando no solo el plan de los predicamentos, sino también el alma misma de la metafísica. Otra distinción clave, sobre todo desde la perspectiva psicológica, es la de lo más cognoscible en sí y para nosotros, es la que domina toda la noética. El Angélico usa también silogismos, demostraciones por la causa y por el efecto, axiomas (razonamientos desarrollados por proposiciones en los cuales se enuncian juicios muy generales, indemostrables en primera instancia, aceptados por su claridad intrínseca), y resoluciones (demostraciones por deducción). Conclusión Recapitulando cuanto hemos visto podemos decir que, el método teológico de Tomás de Aquino se fundamenta en una sólida base metafísica y lógica. Sin embargo, esto no convierte a su teología en “racionalista y estéril” por el contrario se trata del humilde reconocimiento del orden que las cosas tienen en sí mismas. El tratado de la Trinidad Divina supone la explicación de su fundamento: la unidad de la esencia divina, con el fin de evitar los errores teológicos anteriores. La consideración de la unidad del ser precede necesariamente al tratamiento de las personas porque la distinción de las personas divinas se asienta sobre la simplicidad esencial y sobre la identificación del ser con el conocer y el amar en Dios. Prioridad que, por otra parte responde también al orden manifestado en la historia de la salvación según las distintas etapas de la revelación. Por otra parte, su modo de enfocar el objeto de estudio hace que naturalmente busque el fundamento metafísico del tema en cuestión. En este caso no podría ser otro sino el ser de las personas divinas. Por lo tanto, todo el resto de las cuestiones apuntan a este núcleo que se ha convertido en el centro del tratado. De esta manera se evita que la consideración de un aspecto particular haga perder su dimensión y sentido. Finalmente, también en el estudio de un tema (artículo) en particular prevalece y organiza la perspectiva metafísica a la lógica. Porque se propone de entrada determinar la perspectiva formal del problema en cuestión, porque para ello se propone concluir en una definición y utiliza el silogismo. Y también porque de los métodos analíticos y sintéticos tiene siempre prioridad lo más formal, lo más universal. El gran mérito de su método científico consiste en llegar a los principios universales que constituyen el ser de la cosa analizada. Sin embargo, no basta con la perspectiva metafísica. La materia que se estudia en este caso es la realidad que ama profundamente [38] . La centralidad del tema de las personas no es fruto de un mero esfuerzo intelectual, sino el resultado de una relación (amistad) permanente con las mismas. Como sostiene el padre M.D. Philipppe Santo Tomás es un contemplativo y su teología es fruto de la tarea del Espíritu Santo que ilumina su inteligencia e inclina su corazón al amor de Dios[39] . Obviamente el pensamiento moderno desarrolla nuevos aspectos en la consideración del misterio trinitario, sin embargo, no se puede desconocer los logros de una teología fundada en una lógica y metafísica realista. No se puede negar que su valor radica en que con ella se aprende a pensar, aunque haya nuevos temas y nuevos modos de expresarlos. Su teología no solo se funda en la metafísica y en la lógica, sino en la oración porque el conocimiento sobrenatural de Dios es el inicio y el término de la vida del alma, por esto bien podemos concluir este artículo con sus palabras sobre la luz divina como vida del alma: “Quia vera luz corporale deficere potest per occasum, contingit quia quae sequitur eam habens lumen indeficiens, scilicet vitae. Lumen enim visibilem non dat vitam, sed coadiuvat exterius operations vitae corporalis.Lumen vero istud vitam dat, quia vivimus in quantum intelletus habemus, quia es quaedam participatio illius lucis. Quando autem lux illa perfecte irradiabit, tunc habebimus vitam perfectam, sicut Ps. 35,10: Apud te est fons vitae, et in lumine tuis videbimus lumen, quasi dicta: tunc ipsam vitam perfectae habebimus quando ipsum lumine per speciem videbimus” [40]

VIDA DE SANTO TOMAS DE AQUINO

"La verdad de nuestra fe se vuelve objeto de ridículo entre los infieles si cualquier católico, no dotado con el aprendizaje científico necesario, presenta como dogma lo que el escrutinio científico demuestra falso". BIOGRAFIA DE SANTO TOMAS Santo Tomás de Aquino nace en el castillo de Roccaseca (Italia) el año 1225. Hijo de los condes de Aquino recibe la primera educación religiosa y científica en la abadía de Montecasino, para pasar después a la universidad de Nápoles. Allí el contacto con fray Juan de San Juliano fue causa de que, a sus dieciséis años, frecuentase la comunidad de los hermanos predicadores, siendo el principio de su vocación a la vida apostólica. A los diecinueve años ingresa en la Orden de Predicadores. Esta opción juvenil de Sto. Tomás deberá ratificarla más de una vez; primero, frente a su aristocrática familia que, de novicio, le secuestra y le pone en calabozo durante seis meses en el castillo de Roccaseca; y, posteriormente, frente a los maestros de París, que no le permiten la docencia en la universidad por su condición de fraile mendicante. Por indicación de Fray Juan Teutónico, Maestro de la Orden, termina sus estudios en París y Colonia, bajo la guía de Fray Alberto Magno, quien le convence de la necesidad de profundizar en Aristóteles, el filósofo de la razón, la razón es don de Dios y a él debe ordenarse. A los treinta y dos años Tomás de Aquino es maestro de la cátedra de teología de París. En Tomás, la Palabra de Dios en la Escritura tiene la primacía sobre las otras ciencias, y hace de la oración la fuente más fecunda de sus investigaciones. Mientras permanece en París, Tomás y los hermanos Predicadores elaboran en comunidad filosofía y teología, para después hacerla presente en la universidad. Escribe muchas obras que destacan por su profundidad, admirando a maestros y estudiantes por la claridad, la distinción, la sutileza y la verdad con que procedía en la explicación de tantas y tan distintas materias, como son de ver en los cuatro grandes libros que escribió sobre el Maestro de las Sentencias. En estos años dio de sí tales muestras arguyendo, discutiendo y respondiendo que, según el sentir de la universidad, sólo Dios podía dar tanto ingenio, y así era en verdad. Por toda Europa volaba su fama, llevada por los que de todas partes iban a estudiar a la Sorbona y luego regresaban a sus tierras cantando la sabiduría del maestro. Después de París, impartiría docencia en Roma y en Nápoles, dejando entre otras muchas obras la Suma Teológica. Santo Tomás de Aquino murió en la abadía de Fossanova el día siete de marzo de 1274 cuando iba de camino al concilio de Lyon. Fue canonizado el dieciocho de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V, el once de abril de 1567, lo declaró Doctor de la Iglesia. León XIII, el cuatro de agosto de 1880, lo proclamó patrón de todas las universidades y escuelas católicas. SEMBLANZA ESPIRITUAL Alternó la enseñanza con la predicación. Actuó con eficaces intervenciones ante la curia pontificia ea favor de los mendicantes. Destacó por su gran candor de vida y una fiel observancia de la vida conventual. La misión de la Orden, es decir, el ministerio multiforme de la Palabra de Dios en la pobreza voluntaria, en él se centró en una continua dedicación al trabajo teológico; investigar incansablemente la verdad, contemplarla con amor y entregarla a los demás en escritos y en la predicación directa. Empleó su capacidad totalmente al servicio de la verdad, ansioso de encontrarla, recibiéndola de donde quiera que viniese y participarla a los demás. Tuvo siempre un comportamiento humilde y cordial. Su obra demuestra la estrecha coherencia entre la razón humana y la divina revelación. Santo Tomás de Aquino fue devotísimo de Cristo Salvador, especialmente de la cruz y de la eucaristía, que exaltó en sus composiciones litúrgicas para la fiesta del Corpus Christi. Tuvo una ferviente devoción filial a la Madre de Dios, la Virgen María. MAESTRO DE VIDA ESPIRITUAL Santo Tomás de Aquino es más conocido como gran intelectual que como místico[1]. Es cierto que el acercamiento a sus obras desanima a gran parte de los lectores porque descubren en ellas un exceso de intelectualismo. En sus escritos es raro encontrar confidencias de su propia experiencia espiritual[2]. Su lenguaje es sobrio y, con frecuencia, demasiado especulativo, ajeno al lenguaje tan afectivo de la mayoría de los místicos. Sin embargo, esto no impide que podamos seguir hablando de él como gran maestro de vida espiritual, tanto por el ejemplo de su vida como por la doctrina que enseña. Así lo entendieron en la historia los grandes místicos que se inspiraron en él: Juan de Ruysbroeck, el autor anónimo de La nube del no saber, san Juan de la Cruz, Edith Stein y Manuel García Morente entre otros. Las enseñanzas del Doctor Angélico no quedaron encerradas en las aulas, sino que, de la pluma de algunos de sus discípulos –como Francisco de Vitoria y Bartolomé de Las Casas– generaron un dinamismo capaz de rescatar la dignidad pisoteada de los indígenas del continente americano. En estas breves páginas nos vamos a limitar a evocar algunas vivencias y reflexiones del maestro Tomás en las que se transparenta su experiencia del misterio. LA PASIÓN POR DIOS Dios fue siempre la gran pasión de Tomás. Ya desde niño, siendo oblato en la abadía de Montecasino, les preguntaba a los monjes benedictinos: ¿Quién es Dios? Tomás descubrió con el paso del tiempo que esa es una pregunta clave, pero difícil de contestar. Por eso consagró su vida a responderla, siendo consciente de que toda respuesta humana es incompleta, aunque no inútil, pues en ella se juega la salvación. Él sabía que podemos responder a esa pregunta de dos formas bien distintas. La mejor respuesta viene de la vida, de la experiencia. Por eso nos recuerda, convencido de su verdad, la frase magistral del Pseudo Dionisio Areopagita, padre de la mística, quien hablando de su presunto maestro dice: Hieroteo es docto no sólo porque sabe, sino también porque experimenta lo divino. Experimentar lo divino es antes que nada un don de Dios que crea en el ser humano una cierta connaturalidad con él. Ese don de Dios, esa gracia, no arrasa la libertad humana; al contrario, la aumenta, pues nuestras acciones son más nuestras cuando las recibimos enteramente de Dios. Por este camino, cualquier viejecilla cristiana supera con su fe el conocimiento de Dios alcanzado por los filósofos anteriores a la encarnación de Cristo[1]. Es el conocimiento que brota del amor; cuanto más se ama a Dios mejor se le conoce y mayor felicidad produce ese conocimiento. A Dios –nos dice Tomás– no se accede por pasos corporales, porque él está en todas partes, sino por la mente y el corazón. De este mismo modo nos alejamos de él[2]. Pero también reconoce que se puede responder a esa misma pregunta por otro camino más costoso: el estudio. No es el estudio del ateo ni del agnóstico ni del indiferente; es el estudio del creyente que busca y se preocupa por entender lo que cree. ¿Por qué indagar por el camino del estudio? ¿No bastaría con conocer a Dios por la gracia, puesto que a través de ella alcanzamos un conocimiento superior? Tomás responde a estas cuestiones diciendo que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona[3]; la gracia, por tanto, no hace inútil ningún esfuerzo humano. Éste es uno de los adagios más esenciales y quizás más citados de su obra. La importancia de este principio es central, pues su olvido en la historia del cristianismo ha sido fuente de todos los desequilibrios tanto en el pensamiento como en la acción[4]. Cuando, mediante el estudio, analizamos atentamente la realidad y nos remontamos a su origen, podemos descubrir que Dios existe, es decir, que él es la causa de todo (vía afirmativa); cuando percibimos la diferencia que hay entre Dios y todo lo demás, descubrimos que Dios no es nada de lo que ha sido creado (vía negativa); cuando afirmamos que él es la causa de todo, descubrimos que está por encima de todo (vía de la preeminencia)[5]. Pero el conocimiento de Dios que alcanzamos por la gracia es más profundo. No obstante, incluso por la gracia seguimos sin saberqué es Dios; por eso nos unimos a él como a algo desconocido[6]. Dadas las limitaciones de nuestro conocimiento, Tomás no dudará en afirmar que a Dios es mejor amarle que conocerle[7]. El amor mismo es ya conocimiento[8]. No hay contradicción aquí con el famoso adagio que enseña que nada puede ser amado si no es previamente conocido, pues una persona puede ser perfectamente amada sin ser perfectamente conocida; y algo semejante ocurre cuando se ama a Dios[9]. LA CARIDAD Tomás es consciente de que la vida espiritual consiste principalmente en la caridad; sin ella no existe vida espiritual. De este modo identifica la vida espiritual con la perfección de la caridad[1]. Pero, ¿en qué consiste la caridad? Siguiendo el desarrollo de su pensamiento encontramos numerosas afirmaciones que van perfilando su concepción del amor. Influenciado por Aristóteles, define el amor como desear el bien a alguien. Pero este amor no se limita al mero deseo o al sentimiento, sino que empuja a esforzarse y trabajar para que ese deseo se convierta en realidad. El amor es definido igualmente como fuerza de unión que une a la persona que ama con la persona amada, hasta el punto de que esta última es tratada y considerada como si fuera un segundo yo. Esto mismo se aplica al amor de Dios: su amor es fuerza que une, respetando siempre la alteridad, es decir, sin destruir en absoluto a las personas amadas[2]. La mística cristiana se distingue radicalmente de otras místicas porque en ella la plenitud no se alcanza mediante la disolución del sujeto en un todo divino. Inspirado en el lenguaje místico del Pseudo Dionisio, Tomás define también el amor como salida, como éxtasis o como éxodo; el amante sale de sí mismo para instalarse en la persona amada, en el sentido de que busca el bien de la persona amada y se esfuerza por procurárselo como si se tratara de sí mimo. Esto se aplica también a Dios: por su amante bondad, sale fuera de sí para crear todos los seres, y permanece fuera cobijando la creación entera con su providencia[3]. Desde la eternidad todas las criaturas están en Dios como amadas, aunque el amor de amistad se reserva únicamente para los seres racionales. Tomás entiende igualmente el amor como la principal pasión y como la fuente de todas las demás pasiones, incluso del odio. El amor brota únicamente de la atracción que provoca el bien en los seres. Pero hay que distinguir dos clases de amor: el amor de concupiscencia o de deseo y el amor de amistad. En ambos casos hay salida hacia fuera de uno mismo, pero la finalidad de esta salida es muy diferente en un caso y en otro. En el primer caso es una salida para volver de nuevo sobre sí. Se sale atraído por el bien que se encuentra en las personas y en las cosas, y una vez que uno se ha apropiado de ese bien se retorna sobre sí. En cambio en el amor de amistad se da una salida sin retorno, se sale no para apropiarse de los bienes ajenos sino para compartir el propio bien y para buscar el bien del otro. El amor de concupiscencia es ambivalente, aunque no siempre es malo desde el punto de vista ético. No es malo cuando, por ejemplo, se dirige a las cosas que necesitamos para cubrir las necesidades más elementales de la vida. Pero cuando se dirige a las personas, se convierte en una forma restringida del amor, porque tiende a relacionarse con ellas en función del propio yo, de las propias necesidades y deseos. Es un amor parcial, porque sólo tiene en cuenta una parte del otro, y siempre en la medida en que beneficia al propio yo. Es un amor incompleto, porque deja en la sombra una gran parte del otro. Es un amorfuncional, y puede conducir al egoísmo, a la posesión y a todas las demás formas de inmoralidad[4]. En cambio, el amor de amistad se caracteriza por el olvido o el abandono de sí. Entre los rasgos esenciales de un amor así, Tomás señala en primer lugar la benevolencia o el deseo de hacer el bien a alguien por sí mismo, no por la utilidad o el placer que proporciona. Cuando amamos a alguien de este modo buscamos su bien antes que el nuestro, nos alegramos de su dicha antes que del bien que produce en nosotros su amistad. Un segundo rasgo es la reciprocidad. La benevolencia por sí sola no abarca toda la amistad. Puede existir benevolencia sin reciprocidad; podemos desear el bien a una persona sin ser correspondidos por ella o incluso sin desear ser correspondidos. Pero el amor no queda satisfecho si no desemboca en la reciprocidad, en la comunión de la amistad. El tercer rasgo consiste en la necesidad de que exista una ciertasemejanza o igualdad entre los amigos, que haga posible el intercambio recíproco y la conversación familiar de la amistad, pues nuestro afecto hacia las otras personas surge cuando descubrimos o simplemente presentimos una semejanza de pensamientos, sentimientos, ideales,… Tomás define la caridad como una cierta amistad con Dios, como una unión afectiva y recíproca que presenta todas las características de una verdadera amistad. Esta definición se apoya en la autoridad del evangelio de san Juan, donde Jesús les dice a sus discípulos: ya no os llamo siervos sino amigos (15, 15). La benevolencia con Dios se ejerce interesándose en primer lugar por su propio bien personal, amando lo que él ama, queriendo lo que él quiere, alegrándonos de la dicha de la que él goza, poniéndonos enteramente a su servicio. Dios, por su parte, no puede dejar decorresponder a ese amor que él mismo ha suscitado, buscando nuestro bien y ofreciéndonos su amistad. Nosotros nunca podremos corresponder al don de Dios con una reciprocidad exacta. Aunque en realidad no es la reciprocidad exacta del don lo que hace vivir a la amistad. Dios no espera recibir primero para amar ni para dar. Los amigos no dan jamás para recibir, sino que dan porque aman. Dios ama por la alegría de amar; ama más porque tiene más para dar[5]. Quien tiene caridad ama por amor; esa es la finalidad más legítima de la caridad. De ahí deduce el Aquinate que la caridad consiste más en amar que en querer ser amado. Respecto a la tercera condición, es decir, la semejanza, Tomás está convencido de que la amistad reside en una cierta igualdad, porque es imposible que la amistad pueda surgir entre dos seres muy diferentes. Por eso, para que la amistad entre Dios y la humanidad fuera más íntima, Dios se hizo hombre, dado que la amistad es algo natural entre los seres humanos. De este modo hemos conocido a Dios visiblemente, para serconducidos al amor del Invisible[6] Tomás establece un orden en el amor. Dado que Dios es el fundamento de la caridad misma, hay que amar a Dios más que a uno mismo. El amor a Dios abarca también al prójimo, porque no amamos realmente a Dios si no amamos lo que él ama. Pero, inspirándose en el libro del Levítico (19, 18) y en el evangelio según san Mateo (22, 39), defiende la concepción aristotélica de que la amistad con nuestros semejantes no consiste en otra cosa que en extender al amigo el amor que uno siente por sí mismo. De este modo la raíz de esta amistad y lo que la dinamiza es el amor que sentimos por nosotros mismos. Este amor es el modelo y el alimento de la amistad. Pero este “yo” que hay que amar más que al amigo se refiere al “hombre espiritual” del que habla san Pablo en sus cartas; por eso, este amor de amistad no renuncia a soportar cualquier sufrimiento o incluso a dar la vida, si es necesario, en beneficio del amigo[7]. Tomás repite con insistencia que la caridad desemboca en oración y contemplación, y a su vez éstas acciones hacen crecer la misma caridad. LA ORACIÓN Y CONTEMPLACIÓN Todos sus biógrafos coinciden en presentar a Tomás como un hombre de profunda oración, como un gran contemplativo que supo alternar el estudio y la oración, haciendo del estudio oración y de la oración estudio[1]. Fray Reginaldo, su secretario y amigo íntimo, quien cuidó de él como una nodriza, nos cuenta que “antes de ponerse a estudiar, sostener una discusión, enseñar, escribir, o dictar, recurría a la oración en secreto, con frecuencia deshecho en lágrimas. Si alguna duda se le ofrecía, interrumpía el trabajo mental para acudir nuevamente a sus plegarias”. Por tal comportamiento, este mismo personaje llegó a afirmar que su sabiduría no procedía ni de su ingenio ni de su estudio, sino que la suplicó a Dios por medio de la oración. Hay una anécdota emotiva que nos permite penetrar en la sensibilidad religiosa de Tomás; cuenta su biógrafo Guillermo de Tocco que en la oración de Completas, durante el tiempo de Cuaresma, cuando se cantaba el responsorio Media vita[2], no podía contener el llanto al llegar a las palabras:No nos rechaces en la vejez, cuando nos van faltando las fuerzas no nos abandones, Señor. Estas palabras del responsorio están inspiradas en el Salmo 70, 9. Tomás retoma estas mismas palabras al comentar la sexta petición del Padrenuestro que dicen: no nos dejes caer en la tentación. Sus lágrimas parecen expresar el deseo ardiente de llegar a la contemplación de Dios, deseo sobre el que tanto escribió, y el temor de verlo debilitarse con la pérdida del vigor juvenil[3]. Tomás fue un enamorado de la cruz y de la eucaristía. Cuando estaba escribiendo la tercera parte de la Suma de Teología, que trata sobre la pasión y resurrección de Cristo y sobre los sacramentos, pasaba largas horas de oración ante el crucifijo. Después de haber escrito sobre un asunto difícil referente a la eucaristía se fue a la Iglesia, se arrodilló ante el crucifijo, colocó su cuaderno ante su divino Maestro y comenzó a orar con los brazos en cruz. En cierta ocasión, el sacristán de la iglesia de San Nicolás de Salerno, Fray Domingo de Caserta, lo sorprendió en oración y oyó una voz procedente del crucifijo que le decía: “Tomás, has escrito muy bien sobre mí; ¿qué recompensa quieres por tu trabajo?” Y Tomás respondió sin pensarlo dos veces: “¡Sólo a ti, Señor!” (non nisi te, Domine!). Esta respuesta coincide plenamente con su doctrina sobre la oración y sobre la esperanza, donde se expresan los anhelos más profundos del corazón humano. El Aquinate enseña que en nuestra oración debemos pedir principalmente nuestra unión con Dios, o a Dios mismo, pues no hay que esperar de Dios algo que sea menor que Dios[4]. Tomás fue un enamorado de Cristo, al que encontró a diario en la eucaristía. Todos los días celebraba temprano la misa, ayudado por su secretario y amigo Fray Reginaldo, y participaba en otra misa ayudando a éste. En sus escritos habla de la eucaristía como la expresión más grande de la amistad de Cristo con los suyos, pues es propio de los amigos convivir juntos. La eucaristía es para él igualmente el gesto más grande de la caridad de Cristo y el alimento de nuestra esperanza, porque en ella se da una unión muy familiar entre Cristo y nosotros[5]. Esta importancia de la eucaristía en su vida se refleja en la composición del oficio litúrgico de la fiesta del Corpus, donde no habla simplemente de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, sino de recibir al mismo Cristo e incluso a Dios[6]. Los himnos y las oraciones que compuso son de un gran lirismo poético y manifiestan una gran ternura mística (Lauda Sion, Pange lingua,…). Sin duda, su oración más bella a Cristo en la eucaristía es el Adoro Te[7], compuesto en su lecho de muerte. Es un poema profundo, teológico, en el que Tomás se dirige a Cristo para cantarle su amor; le implora y le suplica como el buen ladrón; le expresa su deseo más profundo de vivir siempre con él y contemplarle cara a cara. Ese deseo se hizo todavía más vivo cuando recibió su última comunión. Así lo expresan sus mismas palabras: “Te recibo, precio de la redención de mi alma, viático de mi peregrinación; por amor a ti estudié, velé y trabajé. Te prediqué, te enseñé y nunca dije nada contra ti, a no ser por ignorancia, pero no me empeño en mi error; si he enseñado mal acerca de este sacramento o sobre cualquier otro, lo someto al juicio de la santa Iglesia romana, en cuya obediencia salgo ahora de esta vida”. Toda la obra y la vida del Doctor Angélico fue un esfuerzo por buscar a Dios a través del estudio y la contemplación y por comunicar a los demás el resultado de este esfuerzo, convencido como estaba de que es más perfecto iluminar que lucir, comunicar lo contemplado que contemplar solamente[8].

SANTO TOMAS: PEDAGOGIA Y HUMANISMO

Pensamiento pedagógico Se considera como pensador medieval y es quien realiza la síntesis del pensamiento antiguo. Su contribución pedagógica consiste principalmente en: Noción de Educación: La educación es muy necesaria para el hombre, pues sin ella no daría un cumplimiento pleno a su ser. En la historia, esta es la primera vez que se le da un gran valor a la educación; con esto se hace posible que la educación se aun bien común para todos. Contenido de la Formación Moral: Desde la doctrina antropológica tomista, la formación moral se enfoca en las virtudes, las cuales responden al desarrollo de las potencias apetitivas humanas, que son: Apetito Concupiscible = Templanza. Apetito Irascible = Fortaleza. Apetito Racional = Justicia. Según la unidad de ser y de vida del hombre, es propio de esos apetitos ser conducidos por la razón hacia el bien; es lo propio de su naturaleza. La formación moral consiste en la repetición de actos apetitivos que tienden al bien, esta es la vía para desarrollar las virtudes morales. Su concepción de la Enseñanza y formación intelectual: La formación intelectual se realiza por descubrimiento o por enseñanza. Para Tomás de Aquino aprender por descubrimiento es posible, pero es preferible la enseñanza. La enseñanza es una ayuda y el maestro es el colaborador del aprendizaje del discípulo, mediante el cual recibe el saber que se produce mediante el proceso de adquisición. Encontramos tres momentos en el proceso de aprendizaje mediante la enseñanza, los cuales consisten en: Exponer los principios del saber a la consideración del discípulo. Llevar dichos principios a sus conclusiones propias. Proponer ejemplos sensibles que los ilustren y permitan la formación de imágenes en el discípulo. Santo Tomás de Aquino también establece cuatro tipos de sabiduría, las cuales son: Filosofía Natural: No depende de la razón humana, pues viene ya dado por la divina. Filosofía Racional: Corresponde a la lógica, pues es el dirigido a ordenar la actividad de la misma razón. Podemos decir que la lógica es materialmente un arte, pero formalmente una ciencia. Filosofía Moral: Consiste en la ordenación que la razón da a los actos de la voluntad. Las Artes Productivas: Es el cuarto saber, en el cual la razón ordena las cosas exteriores. Se habla también de la Ciencia de la educación, nombre perfectamente válido al tratarse como hemos visto de una ciencia práctica interesada por las causas del quehacer educativo; el de Filosofía de la educación también es muy legítimo, pues dicha ciencia es de alcance filosófico al trabajar bajo la formalidad de lo perfectivo del hombre, de la virtud.