El concepto de humanismo es actualmente uno de los más
indeterminados y contradictorios; de aquí la necesidad de reconstruir las
diferentes interpretaciones que ha tenido y delinear, al menos en lo
que concierne sus aspectos esenciales, los contextos histórico-filosóficos en
los que tales interpretaciones han surgido.
Hoy el término humanismo se utiliza comúnmente para indicar toda tendencia
de pensamiento que afirme la centralidad, el valor, la dignidad del ser humano,
o que muestre una preocupación o interés primario por la vida y la posición del
ser humano en el mundo. Con un significado tan amplio, la palabra da lugar a
las más variadas interpretaciones, y en consecuencia, a confusión y
malentendido. Efectivamente, ha sido adoptada por muchas filosofías que –cada
una a su modo– han afirmado saber qué o quién es el ser humano y cuál es el camino
correcto para la realización de las potencialidades que le son más específicas.
Vale decir que toda filosofía que se ha declarado humanista ha propuesto una
concepción denaturaleza o esencia humana, de la que ha
derivado una serie de consecuencias en el campo práctico, preocupándose por
indicar lo que los seres humanos deben hacer para así manifestar acabadamente
su “humanidad”.
Hoy son pocas y de momento poco escuchadas, las voces
que se alzan para proponer a los seres humanos una nueva comprensión de su
“humanidad”. Ciertamente, mucho se habla de derechos humanos –sistemáticamente
avasallados–, de “naturaleza” humana –descrita siempre en forma vaga y
contradictoria–, de la correcta ubicación del ser humano en el mundo natural,
especialmente a causa de los tremendos problemas ecológicos actuales. No
obstante todo, es evidente que nuestros tiempos asisten a un eclipse del
humanismo. Por cierto que ésta no es una situación nueva: las corrientes
humanistas, presentes ya al comienzo de la civilización occidental, muestran un
comportamiento ondulatorio: aparecen en determinadas épocas y desaparecen luego
para reaparecer nuevamente. Así ocurrió con el humanismo antiguo, que se
desarrolló en las escuelas filosóficas griegas y romanas, que fue opacado
durante diez siglos por el cristianismo medieval, para luego reaparecer con
gran fuerza en la época del Renacimiento. A su vez, el humanismo renacentista
fué perdiendo ímpetu hasta ser desplazado por las filosofías antihumanistas de
los últimos siglos. Si las cosas están así, no es utópico pensar que pueda
surgir una nueva corriente humanista capaz de contrarrestar la crisis actual,
caracterizada por la pérdida del sentido de lo humano y agravada por la prospectiva de la catástrofe
global, con todas sus aterradoras alternativas.
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